Foto con historia - El camino

Aquel día había sido duro, muy duro. Pero al fin llegó el momento de descansar. Cerró los ojos mientras un susurro cálido y consolador acabó por serenar la agotada mente de Pablo, relajando su viejo y maltrecho cuerpo: “Tranquilo, que ya pasó todo. Ya es hora de que descanses”.

Esa voz, tan familiar y tanto tiempo dormida, lo transportó a los montes donde había crecido. Justo al camino que llevaba a la pequeña cabaña donde guardaban los animales, y que tantas veces había recorrido para ir a ordeñar las vacas, llevarlas al abrevadero o echarles de comer. Buscó entonces a Pancho, el enorme perro mastín encargado de proteger el ganado y la finca, que se volvía loco de contento cada vez que percibía su olor o sentía la voz del niño llamándolo.

Recordó vívidamente cómo el enorme animal — tan alto o más que él en aquella época — no se separaba de su lado, compartiendo juegos y protegiendo al débil niño como si fuera su propia cría. Regresaron claras las escenas del padre riñendo a Pancho para que volviera con el ganado, cuando ellos debían regresar a casa, bien entrada la tarde, mientras él rogaba para que lo dejase ir con ellos.

Ese camino, tan real ahora y tan lejano al mismo tiempo, no lo estaba haciendo solo. Cuando sintió el calor de una mano sobre su hombro, un torbellino de emociones inundó su ser. La alegría volvió a su espíritu, mientras penas y preocupaciones se diluían en el mismo instante en que giró su cabeza y vio el rostro sonriente de Carlos.

Se miraron a los ojos. Ya no como el viejo y decrépito Pablo, si no con la mirada de aquel niño que pasea orgulloso con su padre. Y no necesitaron palabras para decirse todo lo que sentían tras más de cuarenta años sin verse, después de que la maldita silicosis — que martirizó al progenitor, tal como el cáncer llevaba meses haciendo con él — los separara.

Hoy padre e hijo caminan de nuevo juntos. Tal vez en busca de Pancho.

Motivación de esta foto con historia

La foto de un camino perdiéndose en el bosque recuerda al autor su niñez, vivida en un pueblo en medio de la montaña asturiana. Por lugares así corrió, vivió y se divirtió. Y por sitios como ese paseó con un padre perdido a la temprana edad de 10 años, víctima de una silicosis que lo torturó durante años, adquirida tras muchos más arrancando carbón de las entrañas de la tierra.

En un guiño al padre — también se llamaba Carlos — refleja en la historia lo que en el fondo espera que sea ese “más allá” que nos espera a todos tras la muerte. Quizá una vida mejor, de reencuentro con quienes uno amó y de quienes recibió aún más amor.

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13 thoughts on “El camino”

  1. Compañero, me sorprendes día a día con nuevas facetas. Explorando y enriqueciéndote de sabiduría. Poniendo pasión en cada aprendizaje. Eres un claro ejemplo de superación. Te aliento a que sigas desarrollandote como escritor pues vas sobrado en creatividad Y también como fotógrafo, que no te falta talento. Enhorabuena.

    1. Muchas gracias Anina. Me miras con buenos ojos, pero ya sabes que cuando a uno le gustan las cosas se hace todo más sencillo. Da gusto contar con críticos como tú. 😉

  2. Jose Ramón,mucho me recuerdas a Papa que E.P.D Pues a él le gustaba mucho, contarnos cuentos historias,y travesuras,de sus años mozos. As heredado tu, no solo,el arte de narrar historias,si no de plasmarlas escritas.
    Mi querido y admirado hermano, sigue adelante no te detengas. Un gran Abrazo

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