El mundo de Alicia (segunda parte)

El mundo de Alicia

Poco habrían de tardar en aparecer las primeras luces del alba cuando terminé de despedirme de mis invitados. Exhausta por tanto trajín, y un poco afectada por mi primera noche de coquetería con los atrayentes brebajes de la felicidad, aún tuve presencia de ánimo suficiente para buscar a Morgana. Con las prisas, ni siquiera nos habíamos intercambiado los números de teléfono.

Para mi sorpresa, cuando miré hacia el escenario, éste estaba completamente vacío. Tan solo deambulaban por allí tres atareados hombres, que se afanaban en desmontarlo. Sin más, me acerqué  al primero que se cruzó en mi camino.

— Disculpe señor, ¿son ustedes de la orquesta?

— Pues no muchacha. Esos ya hace rato que se fueron.

— Pero supongo que se conocerán, ¿verdad? Busco a una chica que venía con ellos.

Les di una pormenorizada descripción de Morgana a los tres hombres. Éstos, mirándose unos a otros, se hacían gestos interrogativos. Hasta que uno de ellos me sacó de dudas.

— Somos empresas diferentes. Y la verdad es que no solemos conocer a los de las orquestas. Nosotros venimos antes de que lleguen, y volvemos cuando ya se fueron. Me parece que no podemos ayudarte.

— Además, seguro que una mujer como la que dices no se nos habría despistado — apostilló socarronamente otro de los obreros.

— En fin, qué le vamos a hacer. Muchas gracias de todas formas.

Mientras ponía rumbo a la casa, tomé consciencia de que estaba realmente cansada. Muy cansada. Tanto, que el camino que me quedaba hasta la cama se me antojaba larguísimo. Y más teniendo en cuenta que debía cumplir antes con la promesa hecha al abuelo.

Hombre muy madrugador, esperaba encontrarlo ya despierto. Por eso no puse cuidado al abrir la puerta. Pero, para mi sorpresa, aún estaba acostado. Me dirigí lentamente hacia el lecho y besé con amor su frente. “Parece que al abuelo también le han afectado los excesos” — pensé mientras esbozaba un mohín pícaro.

Apenas había agarrado el pomo para volver a cerrar, cuando una brisa gélida atravesó la estancia. Sorprendida, miré hacia atrás. Durante un instante pude ver con nitidez la sombra que se deslizaba por la pared, siguiendo el camino desde la ventana hasta la cama del abuelo.

Con la piel de gallina, volví sobre mis pasos y examiné de nuevo la habitación. Pronto comprobé que no había nada raro, de modo que volví a besarlo y salí directa a mi cuarto. “Va a ser verdad eso que me dice mi padre de que el alcohol no es tan divertido como lo pintan” — iba pensando mientras me reía de mí misma y mis alucinaciones.

Una cuadrilla de herreros golpeaban frenéticamente sus yunques dentro de mi cabeza, mientras sentía las manos de mi madre zarandearme para que me despertara.

— Mamá, hazme el favor. Hoy no me pidas que me levante. Necesito dormir todo el día.

— Alicia, hija. Necesito que te despiertes. Tengo que decirte algo.

— No me fastidies mami. ¿Tan urgente es que no puede esperar?

Me incorporé como buenamente pude, y traté de abrir los ojos para atenderla. Cuando le pareció que estaba bastante despierta, cogió mis manos y me espetó:

— Hija, el abuelo se ha muerto esta noche.

Y de un golpe certero, el destino me expulsó del país de las maravillas.

El verdadero destino de Alicia en los siguientes cuentos cortos.

¿Cuál es el verdadero destino de Alicia? ¿Por qué el abuelo ha muerto precisamente hoy? Si quieres conocer las respuestas, y averiguar más sobre el turbio mundo que espera a esta pobre chica, no dejes de visitar este sitio la próxima semana.

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