El viejo lobo de mar (segunda parte)

El viejo lobo de mar

La semana pasada empezamos a conocer al viejo lobo de mar. Ese adorable loco que sabe más que nadie sobre la pesca y las tormentas. Y sin cuyo consejo ningún marinero se atreve a hacerse a la mar. Hoy conoceremos lo que Lobo esconde detrás de esa aparente locura.

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Ya estaban desnudos los árboles aquella soleada mañana en la que Lobo salió ataviado con su chubasquero amarillo en dirección a la punta del rompeolas.

Quienes aún estaban en puerto se apresuraron a amarrar concienzudamente sus embarcaciones, mientras los que ya navegaban hacían sonar insistentemente las sirenas para avisarse unos a otros del inminente peligro. En pocos minutos, mientras el viejo se situaba en su puesto, todos habían virado la proa en dirección a la seguridad del puerto, saludando a Lobo cuando cruzaban la bocana.

Era época de galernas, y aún los últimos barcos no habían terminado con las labores de amarre cuando el temido y frío viento del oeste comenzó a soplar débilmente.

Vamos, acércate. Te estoy esperando”, murmuraba Lobo entre dientes mientras dejaba su cabeza volar hacia aquella lejana tarde, cuando otra traicionera galerna lo sorprendió faenando junto a su padre a unas pocas millas de la costa. Pocos minutos había tardado el mar en alzarse contra ellos. Sin darles tiempo a reaccionar, enormes olas batían la embarcación desde todos los costados, al son de un estruendoroso y gélido viento que empujaba la lluvia como si fueran piedras impactando contra los indefensos marineros y el casco del ya ingobernable barco.

Como en cada tormenta, el viejo lloraba de rabia recordando la cara de terror de su padre — que no sería muy diferente a la suya — mientras se acercaba la enorme masa de agua que acabó por separar sus manos y sus destinos.

Recordaba vívidamente la angustia de sentirse a merced de las olas, que de cuando en cuando dejaban que su cabeza emergiera. Momento que aprovechaba para llamar a su padre con todas sus fuerzas, si bien apenas él mismo podía sentir su propia voz.

También mantenía fresco en su memoria el recuerdo de la tenue luz que vio acercarse lentamente, desafiando la bravura de los elementos, y guiando a una endeble chalupa directa hacia su posición. De ella salió la mano de un misterioso hombre, que prendió la suya y lo ayudó a tenderse cómodamente en cubierta.

Jamás recordó su rostro — si es que en algún momento llegó a verlo, pues pronto perdió el conocimiento — pero toda su vida supo que fue ese extraño marinero quien lo dejó en la playa, donde un vecino del pueblo encontró el cuerpo magullado de aquel muchacho a quien todos daban por muerto.

Nada fue igual desde entonces para él. Desde aquel día se había convertido en un Lobo de mar, y habría de consagrar su vida en salvar otras y dar con el misterioso hombre que lo rescató de una muerte segura.

La historia del viejo lobo de mar… ¡Continuará!

Esto no acaba aquí. ¿Cómo cambió la vida de Lobo? ¿Qué consecuencias tuvo para él y la única familia que tenía: su madre?. El siguiente capítulo desvela el final,

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