Las últimas horas de Lord Mortimer. La batalla final

Por primera vez en un lustro, la vida monótona en la mazmorra se volvió excitante e imprevisible. Incapaz de despegarse del ventanuco, contempló el espectáculo de atronadores cañonazos, columnas de humo que salían de la flota hostigadora, piedras de la muralla precipitándose al mar tras cada disparo certero, y algún hombre que de cuando en cuando las acompañaba.

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Pero el día iba pasando, y los barcos enemigos no terminaban de tener un detalle con él. Sus armas apuntaban a las almenas, mientras que él se encontraba en el infierno. Casi a ras del agua. Resignado, se recostó en su jergón. “Al menos está pegado a la pared de afuera. Si tengo suerte, algún impacto derribará el muro sobre mí” — pensó, desesperanzado.

Largo rato llevaba suplicando a Dios, cuando un silbido lo sacó de su meditación. A medida que se iba haciendo más audible, Lord Mortimer gritaba de gozo: “¡Gracias Señor! ¡Gracias Señor!”. Al cabo, un estruendo resonó por toda la estancia. Y el suelo tembló bajo el desdichado. Éste, cerrando los ojos, esperó la llegada de la muerte. Ni ángeles, ni querubines, ni siquiera a Lucifer — su más que probable anfitrión en la otra vida — vio cuando volvió a mirar alrededor. Sólo el denso humo que el impacto levantó al remover las piedras de la mazmorra. El acceso de tos provocado por el ambiente irrespirable impedía al cautivo gritar los improperios que pasaban por su mente, contra el Dios al que minutos antes suplicaba. Sollozando y maldiciendo, pasó las horas que restaban hasta que la oscuridad detuvo el combate. Finalmente, el sueño terminó por vencerlo.

Aún estaba totalmente oscuro cuando el chirrido de los herrajes de la puerta lo despertó. Por el ventanuco entró la luz de una antorcha, precediendo a la mano familiar y muda que cada día le cambiaba la escudilla con esa pestilente comida, y la herrumbrosa jarra de agua. Antes de que se cerrara de nuevo, Lord Mortimer se dirigió al hombre del otro lado.

— Parece que hoy madrugas. ¿Es que no te atreves a bajar aquí cuando empiecen a volar de nuevo las balas de los cañones?

Por vez primera oyó la voz de su carcelero.

— Mejor cierra el pico y reza, Mortimer. Igual mañana ya estás en el infierno.

— ¡Ya lo estoy! ¡Llevo cinco años en él!

Sin inmutarse, siguió acostado con su mala suerte. Y en esa misma posición lo sorprendieron los primeros rayos de sol, cuando impregnaron el cuadrado de luz sobre la puerta. Como cada mañana, la silueta de una gaviota se dibujó en la madera, que cambió los tronidos de la artillería por tímidos graznidos, que fueron subiendo de tono a medida que pasaba el tiempo.

Pero esta vez no se puso en guardia para dar caza al animal. Prefirió seguir allí acostado, al cobijo de la penumbra que aún resistía en el rincón bajo el ventanuco. En silencio, dejó que el pájaro taladrara sus oídos durante un buen rato. No salió de su letargo hasta que giró la cabeza y miró hacia arriba. De repente, el corazón empezó a latir desbocado, alimentando de nuevo la ilusión del yacente. Cuando vio el cuello de la gaviota asomarse a su celda, escrutando cada rincón sin parar de emitir esos horribles ruidos, se puso de nuevo en guardia. Y reparó en que era ella: Caroline. “Ahí está, la muy perra. Seguro que busca mi cadáver” — se dijo, mientras se daba cuenta de la realidad: si estaba allí, era porque no había barrotes. Quizá el impacto hubiera hecho algo bueno, finalmente.

“Acercaos, querida. Venid a ver si podéis picotear mis ojos, como lleváis deseando tanto tiempo” —pensaba Lord Mortimer, mientras luchaba por no saltar como un resorte a por ella — “Debo esperar. Tengo que ser paciente” — se repetía para obligarse a mantenerse inmóvil.

Con los párpados entrecerrados y los oídos abiertos de par en par, esperó mansamente a que su enemiga hiciera un movimiento. Al cabo de un rato, la recompensa llegó. El aleteo del pájaro entró por sus oídos. Y pronto pudo ver a Caroline junto a la puerta, frente a él y a escasos metros. Durante un rato permaneció en silencio, escrutándolo con esos ojos amarillos que buscaban los suyos. Un par de veces giró la cabeza para dar un picotazo a la escudilla, y otras tantas escupió, limpiándose el pico con las plumas de su pecho. “Ni siquiera este bicho inmundo quiere esa bazofia” — se decía, medio divertido Lord Mortimer — “Vamos amiga, acércate un poco más. Sé que me tienes muchas ganas”.

El tiempo pasaba y ambos seguían jugando al gato y al ratón. La una, desconfiada, no se decidía a atacar. Mientras el otro, paciente, esperaba a que su contrincante se confiara lo suficiente para hacerlo. Por suerte para él, los cinco años en aquel lugar habían hecho que desarrollara la virtud de la paciencia — a quien jamás hasta entonces había conocido —, mientras que la gaviota era un ser libre y ansioso. De modo que, tras varios graznidos amenazadores, con las alas desplegadas y sin quitarle la mirada de encima, Caroline comenzó a avanzar hacia él. Al principio no lo hizo directamente, sino que se limitó a bailar su danza intimidatoria a una distancia prudencial. Mas cuando se sintió confiada, tomó la vía directa hacia el cuerpo inerte del hombre que tenía enfrente. Pequeños saltos, alas mostrando su enorme envergadura y gritos amenazantes. Los músculos del hombre estaban tensos hasta la extenuación, aunque quietos como lápidas. Sabía que su oportunidad estaba a punto de aparecer. Y tal vez fuera la última.

Cuando creyó tenerla a su alcance, lanzó su brazo derecho directo al pescuezo. Pero el ave, ágil como una gacela, consiguió zafarse del cepo antes de que fuera tarde. No sin antes clavar sus garras en el antebrazo del hombre, que ahora manaba abundante sangre. A toda prisa, éste se puso en pie. De esa forma su cabeza tapaba la única vía de escape. Ella, sin cejar en su actitud combativa, lo miraba directamente a los ojos. Ambos sabían que la batalla final había comenzado.

Lord Mortimer se enfrenta a Caroline

En el capítulo anterior supimos porqué Lord Mortimer estaba preso en este calabozo, en el fondo del castillo y casi a ras del mar. También porqué esta gaviota fue bautizada como Caroline. El próximo episodio desvelará el resultado de esta lucha… ¡y algunas cosas más!.

 

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2 comentarios sobre “Las últimas horas de Lord Mortimer. La batalla final

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