Mi amigo el fracaso

El fracaso, amigo mío, es algo que en mayor o menor medida todos tememos. Pero muchas veces no somos conscientes de cuánto nos puede ayudar aprender de nuestros errores. Por eso, como no es tan apreciado como el amor, no recibe muchos elogios. Con esta poesía quisiera poner en valor la utilidad de nuestro eterno compañero: el fracaso.

Mi amigo el fracaso

Hay quien dice, amigo mio,
que no te puede ni ver.
Te temen más que a la muerte.
Y no pueden comprender
cómo su maldita suerte
se empeña en aparecer
con ese tipo tan frío.

Algunos, más orgullosos,
gritan a los cuatro vientos
que nada saben de ti.
Gustan de contar cuentos.
Cualquier cosa baladí
que mitigue los lamentos
de sus egos vanidosos.

Los unos y los otros yerran
cada uno a su manera.
No acaban de comprender
que ni cambiándose de acera
te harán desaparecer.
Huyen a la carrera
sin ni siquiera entender
que no merece la pena
gastar fuerzas en correr,
cuando el que te persigue
lo llevas en tu mismo ser.

Norte, sur, este y oeste.
Desde el orto hasta el ocaso.
En cualquier lugar y momento
tengo a mi amigo el fracaso
trabajando sin descanso
para hacer que este juglar
siga por el buen camino
de volver a fracasar.

Y yo, hombre muy aplicado,
caeré una y mil veces
en esos tejemanejes
que el destino ha reservado
para que logre entender
que la vida es un camino
largo, duro y empedrado.

Mas tú, como buen maestro
seguirás siempre a mi lado
señalándome la senda.
Esa en que cada error
es una nueva ventana
que llena de luz a este menda.

Tantos años de amistad.
¡Cuántas lecciones de vida!
A veces canalla, las otras mordaz.
Gracias querido fracaso,
por estar aquí a mi lado,
y enseñarme cómo hacer
para no ser fracasado.

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