Sueños en una maleta

Cuando Clara vio el número que aparecía en la pantalla de su teléfono, un espasmo recorrió su cuerpo. Lo conocía perfectamente, pues llevaba días esperando por esa llamada.

Han pasado casi tres años desde el momento en que dejó España, llenando su maleta de sueños. Con ellos trató de mitigar el dolor de sus padres por su partida. También sirvieron como bálsamo para tapar el suyo. Aunque entonces la ilusión por encontrar aquello que su país le negaba podía con cualquier angustia.

Pero el tiempo había ido pasando muy lento. Y la cruda realidad la abofeteó casi nada más bajar del avión. Aunque dominaba el idioma y era una brillante ingeniera recién titulada, todo el mundo la miraba a través del opaco cristal de los prejuicios. De modo que tuvo que hacer de tripas corazón, y amoldarse a los trabajos, sueldos y condiciones laborales que los de allí no querían. No tardó en probar la hiel que alimenta a una inmigrante venida del sur. Esa que nutre a quienes son tratados como una casta de sirvientes sin derechos ni merecedores de respeto.

Sin embargo, cada vez que entraba en la habitación del piso — compartido con otros de su misma condición — abría su maleta y soñaba. Sólo así podía seguir adelante, y poner buena cara cada vez que conectaba su ordenador para tener una videoconferencia con sus padres, o con los amigos que había dejado en España. Sólo sus sueños la hacían vencer la vergüenza cada vez que, por no pedir más dinero en casa, tenía que acudir a los comedores sociales.

Por eso, mientras escuchaba su canción favorita anunciando la llamada de esa prestigiosa empresa de ingeniería, Clara sentía como la angustia inundaba todo su cuerpo. Mientras sus manos temblorosas sujetaban el aparato, y deslizaba el dedo hacia el círculo verde, trató de recuperar la presencia de ánimo. Cuando por fin respondió, su voz — que a duras penas podía salir de la boca — logró por fin decir algo coherente.

Apenas había colgado cuando un torrente desbordó sus ojos. Lloraba incontroladamente mientras se vestía con uno de sus más ansiados sueños, a la vez que sacaba de la maleta muchos otros que habrían de suceder a éste. Pronto podría lucirlos.

Un relato creado para pensar en los demás

Qué bonito es cuando una compatriota sale en busca de sus sueños y los consigue, ¿verdad? Pero la verdadera motivación — o la intención más bien — de este relato es hacer pensar al lector sobre algo más.

¿Por qué no miramos con los mismos ojos a aquellos que vienen a España desde más al sur? Todos llegan con los mismos sueños, las mismas ambiciones y el mismo espíritu de superación — o supervivencia en muchos casos — Y todos dejan atrás padres, hijos, hermanos, amigos, infancia…

Sin embargo los miramos como extraños. Invasores que vienen a quitarnos nuestro dinero, aprovecharse de nosotros, imponernos su cultura, y estupideces similares. Todos esos prejuicios que nos vienen impuestos por la cerrazón de nuestras mentes, y que nos hacen ver como extrañas a personas que simplemente son diferentes.

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7 thoughts on “Sueños en una maleta”

  1. Hubo una época que dentro del mismo país se despreciaba al que venia de otra región……Ahora esta pasando esto también ? Ya no digamos a los del sur.
    Sea del país u otras naciones

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